-No, yo no puedo seguir con este engaño
-¿Qué engaño? -preguntó con ternura mientras sus lágrimas ennegrecidas manchaban su rostro y sus muñecas.
-Esto, ¿es que no te das cuenta? así no llegaremos a ningún lado -lanzó por la ventana su mirada mordiéndose el silencio.
-Pero al menos sí te quiero, ¿eso no te importa?
-¡¡¡¿De qué vale que me quieras si no estás enamorada de mí?!!!
Por un momento profundo ella sintió un nudo cargado de vidrios en la
garganta. Él, de pie junto a la ventana, empuñaba sus manos para no romper
el llanto que iba retorciendo lentamente sus labios.
Afuera seguía amaneciendo con la tranquilidad de las aves que no habían y el
canto bocinero del pan.
-Te quiero - susurró acongojada.
-¿Y qué es querer para ti?
-Tal vez lo que para ti es amar.
-Entonces, ¿me amas?
-Te quiero
Entre las sábanas de nieve se fueron deslizando
lentamente las armas del amor, una sobre otra. El contacto
eléctrico de los corazones emanaba una brisa que se
complementaba con el rocío de aquella mañana, la misma que respondía al
canto de la pasión, con otro muy peculiar, muy distinto al de las aves que
en ese momento estuvieron ausentes.
Afuera, el canto bocinero del pan...
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